Reflexiones en la ciudad de los muertos
Reflexiones en la ciudad de los muertos
Por Marcos Aguinis
Para LA NACION
El osado Johann Ludwig Burckhardt había nacido en Suiza a fines del siglo XVIII, se educó en Alemania y consiguió financiamiento inglés para realizar exploraciones en Africa y Medio Oriente. Era un aventurero que, animado por una curiosidad que podía terminar con su vida, se internaba en regiones desconocidas y peligrosas hasta ese momento.
En 1812, atravesó el rocoso desierto que integraba la bíblica y roja tierra de Edom, que ahora pertenece a Jordania. Atendió a una leyenda de los beduinos, que decían saber dónde Moisés había logrado hacer brotar agua de una piedra y dónde había sido enterrada su hermana Miriam. Quedaba al sudeste del mar Muerto, en el lugar más hondo del planeta.
Caminó privado de agua y comida hasta descubrir una estrecha y espectacular quebrada por donde, en los tiempos antiguos, corría un arroyo. La seca penumbra se tornaba ominosa, apretada entre los altísimos muros donde se sucedían colores provistos por minerales, alguna gota de agua que alimentaba a un arbusto raquítico y el vacilante movimiento de la luz. De súbito debió cerrar los párpados. Lo encandiló el espacio enorme que se abría delante, y en cuyo frente lucía la fachada solitaria y bellísima, casi intacta, de un palacio helenístico. Había develado a Petra -la bíblica Rekem, en hebreo- sobre la cual escribieron Flavio Josefo, San Pablo, Eusebio, Plinio, San Jerónimo y hasta es mencionada en los famosos rollos del mar Muerto.
Fuente: lanacion.com
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