Jordania en diez escenas: escena 10 (y última)
ESCENA 10. Donde todos los milagros son posibles
Se acerca el final del recorrido por estas tierras en las que la religión, la cultura, la naturaleza y los humanos parecen haber conseguido una simbiosis contagiosa. En el camino hacia el Mar Muerto se cruzan lugares donde debieron estar Sodoma y Gomorra, las aguas en las que Cristo fue bautizado, el castillo en el que Salomé se encaprichó de la cabeza de Juan el Bautista, la cueva en la que Lot se refugió tras ver convertida a su mujer en estatua de sal…
Cuando se atraviesan los lujosos hoteles y balnearios en la orilla del Mar Muerto, con las impresiones bíblicas en la cabeza, y se penetra en sus densas aguas uno podría creerse el mismísimo Jesús y estar caminando sobre las aguas. Caminar, caminar, no, pero flotar como si no existiese la gravedad, leer el periódico o tomar una copa sin hacer el menor esfuerzo por flotar es uno de los milagros que están al alcance de la mano. Como cambiar de color como Michael Jackson pero al revés, gracias a los barros terapéuticos. Experiencias de hoy que ya probaron en su día Herodes el Grande o Cleopatra, entre otros. Ricas en minerales vertidos desde los valles circundantes, las densas aguas del Mar Muerto tienen además cualidades curativas.
Sin embargo este prodigio natural corre el peligro de convertir su nombre en una realidad: un mar muerto con fecha fija, no más de cincuenta años. Cada año el punto más bajo de la tierra desciende un poco más, casi un 30% de su superficie original ha desaparecido debido sobre todo a que apenas recibe agua del estancado río Jordán, por la utilización de esa escasa agua para el riego o para fabricar potasa y por la elevada evaporación.
Para intentar invertir esta situación se ha proyectado la construcción del “canal de los dos mares” de 180 km. entre el Mar Rojo y el Mar Muerto. El objetivo es frenar la caída de agua, lograr recuperar los niveles históricos y, de paso, producir electricidad que alimente las plantas desalinizadoras que habría que construir en Jordania, Israel y los territorios palestinos. Así, cerca del 45% del agua trasvasada se convertiría en agua dulce. Sería el último milagro, éste de la mano de los hombres, en una tierra que parece propicia a ellos. Un milagro que requiere unos miles de millones de dólares, pero, sobre todo, la voluntad unida de pueblos vecinos empeñados en vivir en paz.
Fuente: ProyeccionTV
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