Descubre Jordania
PETRA     LUGARES     CONSEJOS PARA VIAJAR     SALUD     GASTRONOMÍA     TRADICIONES     HISTORIA

Historias de camellos

6 Marzo 2008 | Publicado por David Giner

Historias de camellos

 

Los beduinos no tienen pasaporte, ni documentos de identidad, y poseen el derecho ancestral de portar sus propias armas sin ninguna licencia. ¿Para qué necesitamos pasaporte -me dice con su sonrisa impecable Amyad, mi guía en la inmensidad de Wadi Rum, la reserva natural en el desierto de Jordania-, si el desierto es el mundo entero, y nosotros somos los dueños del desierto? El desierto: Al sahara. Deberíamos decirlo siempre en árabe, que es como debe ser dicho. Al sahara.

camello.JPG

El abuelo de Amyad viajó en las caravanas comerciales que atravesaban la región, y trabajó de extra y suministrador de camellos en el rodaje de Lawrence de Arabia. Su padre fue guía en el desierto, y él mantiene la tradición, un término que en su boca suena siempre con ecos religiosos. Amyad alquila sus camellos para los documentales contemporáneos y también ha participado como extra en la moderna versión de Lawrence de Arabia. Me habla de Thomas Edward Lawrence como de un tío lejano, con una familiaridad y un cariño que sólo se reserva para los beduinos verdaderos. El propio Lawrence estaba convencido de que su nombre sobreviviría antes como escritor que como hombre de acción, pero lo cierto es que sobrevive de las dos maneras y de una distinta: como hombre del desierto en la memoria oral de los nómadas que lo habitan.

Los camellos, al decir de Amyad, son animales portentosos, a los que, no obstante, hay que tratar sin demasiados miramientos, con conciencia de su extraño carácter camellil. Hace una loa extensa de las hembras, que además de poseer todas las virtudes de la especie -pueden estar quince días sin comer, huelen a siete kilómetros de distancia, oyen a cinco, saben encontrar agua en mitad de las arenas-, dan abundante leche y tienen descendencia. La leche de camella es un alimento completo, y un purgante que aligera los intestinos del hombre hasta dejarlos como los de un recién nacido.

Los camellos -Alá sabrá por qué- tienen un temperamento levantisco y pendenciero, a pesar de su aspecto flemático. En cierta ocasión, un vecino de Amyad, un hombre tan delgado como un cigarrillo (uno de esos que Amyad fuma sin parar y que enciende con la colilla del anterior), montaba confiado su cabalgadura. De repente, el camello giró su cuello, lo mordió por el pie, lo sacó de la silla y trató de matarlo sentándose sobre él para asfixiarlo, que es como los camellos matan a los hombres, cuando se les cruzan por la cabeza las malas ideas que transportan en el aire los vientos del desierto. Por fortuna, aquel hombre tan flaco se pudo refugiar en una depresión anatómica que los camellos tienen bajo la panza, hasta que otro paisano acertó a pasar por allí, vio el problema y le descerrajó un tiró de pistola al camello de instintos homicidas. Cuando el dueño del camello consiguió salir de debajo del animal, maldijo a su amigo por haberle matado al mejor de sus ejemplares. Él -le gritó de forma desaforada- tenía todo bajo control desde debajo del vientre de la bestia, y hubiese convencido con buenas razones al camello de que no debía asesinarlo. Ahora, se lamentaba con alharacas el camellero esquelético, no sólo se había quedado sin dos dedos del pie derecho y sin la mitad de su sandalia, sino que ya nunca más podría volver a montar sobre su favorito. Aquel hombre cojeó por el poblado el resto de su vida y maldijo eternamente al buen samaritano que trató de salvarle la vida.

Todos esos relatos verdaderos me cuenta Amyad, mientras nos desperezamos en el suelo de la jaima y nos servimos otro vaso de té ardiendo, que perfuma los claroscuros de la hoguera. Historias de camellos, las naves del desierto, como las llama Gabriel Miró en sus Figuras de la Pasión del Señor.

Vía: ABC

Hay 6 comentarios:

#1
Alejandro Lanoël D'Aussenac enviado el

Este fue un artículo que publiqué en los años ‘80 en ocasión de un viaje a Jordania desde Riyadh (Arabia Raudita).
……………………………………………………………………………………

PETRA
Un lugar fascinante…
Tras recorrer la penumbra del desfiladero -llamado el Siqh- aparece la fachada dorada del templo túmulo real de Kashné con su preciosa decoración de influencia grecorromana. El acusado contraste entre luces y sombras acrecienta la impresión que ofrecen al viajero las imágenes de estas ruinas arqueológicas, tal vez las más bellas de todo el Oriente Medio.
En esta ciudad, situada en el desierto sur del reino de Jordania todos los rincones se convierten en motivo de asombro. La armonía de colores y las líneas arquitectónicas es magnífica. Para caminar por sus senderos de piedra y admirar detenidamente todos los monumentos se necesitan un par de días y un buen entrenamiento físico. El tamaño del área monumental es considerable.
A ciertos lugares distantes se puede llegar montando burros o camellos que los beduinos alquilan a los viajeros. Es curiosa la parsimonia de estos animales. Van solos recorriendo a paso lento todos los monumentos deteniéndose ante cada uno de ellos, sin necesidad de que el improvisado jinete se lo indique tirando de las riendas.
Los beduinos no se molestan en acompañar al turista, permanecen sentados a la sombra, fumando mientras esperan que el camello cumpla estrictamente el trabajo regresando a su lado al final de cada recorrido.
Una tarde dejé el camello junto a unos monumentos de deseaba visitar. No había nada donde atar las riendas, de manera que las dejé bajo el peso de una piedra bastante voluminosa. No sé si yo me demoré demasiado o si fue el camello que se aburrió y decidió que ya era hora de volver junto a su amo. El caso es que tiró de las riendas hasta que logró liberarse de la piedra y tranquilamente regresó al punto de partida dejándome de a pie en medio de las ruinas.
En el desierto el ocaso parece llegar de repente, alargando las sombras de los monumentos. La penumbra se acercaba rápidamente y tuve que apurar el paso para llegar al lugar donde había dejado el coche.
Finalmente llegué, casi agotado por el esfuerzo. Y allí estaba mi camello rumiando tranquilamente junto al beduino que seguía sentado en el mismo lugar, fumando impertérrito.
Al subir a mi coche tuve la sensación de que ambos me miraban y se reían entre ellos…

#2
Petra, un lugar fascinante - Descubre Jordania: blog en español sobre Jordania enviado el

[...] comentario de Alejandro Laonël en “Historias de Camellos“, bien merece que lo leáis todos. Se trata de un artículo que publicó en los años [...]

#3
Antonia J. Rodríguez Narváez enviado el

Extraordinario este cuento de Alejandro Lanoël. Muy bueno.

#4
anonimo enviado el

solo queria decir que esta muy aburrida su página

#5
vhale enviado el

no me alludo en nada pero buen sitio web

#6
Abdul de Jordania enviado el

Hola

Déjanos un comentario

Nos encantaría conocer tu opinión. Por favor, procura que tus comentarios estén relacionados con esta entrada. Intenta también respetar a los demás lectores de este blog. Los comentarios off-topic, promocionales, ofensivos o ilegales serán editados y borrados.

Puedes usar algo de HTML:
<a href>, <strong>, <blockquote>, <br />, <p>, <em>, <ul>, <li>. Los párrafos y los retornos de línea también se incluyen automáticamente.

Nombre   
E-mail
Website
Comentario
Suscríbete por mail a esta entrada y no te perderás ni un solo comentario nuevo :-)
Destacados



















RSS


Newsletter
Enviar